jueves, 4 de septiembre de 2014

Gasoles, Orengas y Navarros.

España ha saldado con victorias sus cuatro primeros partidos en el Campeonato Mundial de Baloncesto que se está celebrando en nuestro país, del 30 de agosto hasta el 14 de septiembre. Será primera de grupo aun perdiendo el quinto partido de esta fase contra Serbia.

En ocasiones, el juego ha sido espectacular, brillante. Poderío interior, acierto desde 6,25, incluso de los pivots, eléctricos contraataques. No obstante, no todo el monte es orégano. Tengo dudas.

Ahora parece que sólo Estados Unidos es la selección que nos puede hacer frente. Como si la final estuviera predestinada entre ambos equipos. Los estadounidenses se han mostrado contundentes. Sólo Turquía les aguantó dos cuartos. El resto de equipos aprendieron a soportar un chaparrón de mates y vertiginosas canastas, la mayoría conseguidas al contraataque.

Efectivamente, Estados Unidos juega al contrataque. Parecer ser su arma preferida. Tal vez la única. El juego se sustenta en una férrea y ágil defensa de ayudas, potencia de rebote y fulgurante salida en velocidad, tan básico como efectivo.

España tiene más recursos, o eso parece. Se viene diciendo que tenemos mejor y mayor juego interior. Posiblemente, pero ya lo veremos. Y sistemas más complejos. Tal vez demasiado complejos. Y es que, en ocasiones, da la impresión que los jugadores se atascan en los sistemas. No solo parecen farragosos sino que tampoco se ve claramente que ventaja sacamos. A veces la sencillez es una virtud. La rotación de los jugadores parece aceptable pero advierto cierta confusión en quien debe ser el director de juego y otras posiciones en el campo:

1. Los bases-escoltas. Calderón juega de uno y de dos, dependiendo de quién esté en pista. Llull, base en su equipo, aquí juega de dos. Parece ser que solo Ricky y el Chacho son siempre bases, aunque tampoco, pues ambos han coincidido en la pista.

    2. Los escoltas-aleros. Navarro y Rudy, siempre escoltas en sus equipos, aquí juegan de escoltas, en ocasiones, y de aleros en la mayoría. Aleros bajos, especie en extinción en el baloncesto moderno. El emparejamiento de Rudy con Gelabal nos dejó en evidencia en el partido contra Francia, pero el de Navarro con Batum fue grotesco. ¿No tenemos un alero alto? Sí, Claver. Pues que juegue señor Orenga y si no tiene su confianza lleve usted a otro que haberlos, haylos. Por otra parte, el tiro exterior es como los pimientos de padrón, unos días entran y otros no. Háganselo ver, como apunta Antoni Daimiel, no sea que no estemos cuando más lo necesitemos.

      3. Alapivots-pivots. Nadie juega de cuatro. Eso puede ser y es de hecho un problema. Un cuatro poderoso y, sobre todo, rápido nos hace daño. El equipo estadounidense tiene varios modelos de este tipo, si bien habría que apuntar la enorme versatilidad de sus hombres, otra de las bases del baloncesto moderno. En el puesto de cinco poco que decir. Estoy contento. La llegada de Ibaka ha hecho mejores a los Gasol, ha aportado un plus de intimidación que, a veces, es determinante en el cambio de rumbo de los partidos. Son, sin duda, el verdadero motor de la selección.


Diez días restan para que se resuelva el campeonato. Veremos cómo se desarrolla. Prometo volver y decir en qué me he equivocado.

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