lunes, 22 de julio de 2013

Carta abierta en defensa del CSIC


La reducción continuada de las transferencias que el Ministerio ha realizado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desde 2008 a 2013 ha supuesto una merma de aproximadamente un 40% de su presupuesto. Este hecho ha estado afectando de manera negativa al buen funcionamiento de la investigación, hasta desembocar en la actualidad en una situación insostenible que hace peligrar la existencia del CSIC. Ante ello, su Presidencia ha elaborado una resolución (2 de julio de 2013) que ha provocado una situación crítica en la mayoría de los Centros e Institutos del CSIC puesto que, temporalmente, se ha paralizado la posibilidad de efectuar gastos con cargo a los proyectos de investigación.

Las consecuencias de esta situación son las siguientes:

1. La casi total paralización de la investigación en los próximos meses y una clara incertidumbre sobre el futuro inmediato.

2. La desincentivación de los investigadores que generan de manera regular recursos para el CSIC. Esto hará que el CSIC deje de ser un polo de atracción de talento, e incluso corre el riesgo de perder el que ya tiene, puesto que muchos investigadores se han planteado renunciar a proyectos en curso, algunos de la Unión Europea liderados desde el CSIC, y no solicitar nuevos o hacerlo a través de otras instituciones.

3. La pérdida de credibilidad del CSIC de cara a las entidades, públicas y privadas, nacionales e internacionales, que aportan dinero a la Institución a través de proyectos, convenios o contratos a cambio de resultados de investigación. La imposibilidad de afrontar los compromisos ya contraídos va a provocar demandas por incumplimiento que obliguen a devolver fondos con los que la institución cuenta en la actualidad. Además de ello, los investigadores pueden caer en una situación de desamparo y de pérdida de reputación.

Es decir, la resolución del Presidente, motivada por el incumplimiento de los compromisos del Ministerio, supone una amenaza muy grave para el mantenimiento de fuentes de financiación del CSIC que dependen directamente de la actividad en curso de sus investigadores. Está en juego la fiabilidad del CSIC y la del sistema de ciencia y tecnología español, por la que varias generaciones hemos trabajado y luchamos a diario. Es inconcebible que, más de un siglo después, sigan vigentes las palabras de Santiago Ramón y Cajal: “investigar en España es llorar”.

Ante esta situación crítica, los abajo firmantes, 300 investigadores y personal de apoyo de Humanidades y Ciencias Sociales del CSIC, así como Directores de otras áreas del CSIC, solicitan al Presidente que:

1. Reconsidere las consecuencias dramáticas que se derivan de la Resolución del 2 de julio de 2013 y elimine aquellos aspectos que paralizan desde esa fecha la investigación, teniendo en cuenta que los investigadores a los que ahora no se les autoriza a gestionar recursos, sí van a tener que rendir cuentas ante los organismos financiadores.

2. Se tomen las medidas necesarias para garantizar una investigación plurianual y que la actividad científica no dependa de factores coyunturales.

3. Trabaje ante el gobierno en su más alto nivel para garantizar la existencia del CSIC en el sistema español de ciencia, en términos económicos pero también humanos.

4. Cuente con nuestro apoyo para conseguir que el Ministerio transfiera al CSIC la financiación necesaria para continuar haciendo una investigación de excelencia, y mantener su liderazgo.




Madrid, 17 de julio de 2013

viernes, 8 de febrero de 2013

Reseña de Guerra y Moneda.

Dejo, en esta entrada, la reseña publicada por el profesor del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante, José Ramón Valero Escandell,  sobre el libro Guerra y Moneda , en el nº 15, 2013, de la Revista del Vinalopó.


José Ramón Valero Escandell. Universidad de Alicante. Departamento de Geografía Humana.

García Gandía, José Ramón, Guerra y Moneda. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre en Aspe, 1938-1939. viii Premio de Investigación “Manuel Cremades”, Ayuntamiento de Aspe, 2011, 168 pp.
Poco a poco, vamos conociendo cómo la Guerra Civil transformó, en menos de tres años, un gran número de lugares y edificios de las comarcas vertebradas por el Vinalopó. En algunos casos, hasta en tres ocasiones, a veces compartiendo casi media docena de usos. Durante décadas, el destino vivido por aquellos lugares y por quienes trabajaron allí, los habitaron, los disfrutaron o los sufrieron, fue conscientemente silenciado al conjunto de la población, o su protagonismo fue transmitido de  boca en boca, pero siempre en voz baja. Estas tierras, desde los primeros meses de conflicto, habían adaptado su producción a las necesidades más urgentes –es decir, a aquellas destinadas al suministro de todo tipo de materiales para el ejército-; habían ensanchado sus hogares para hacer hueco a refugiados; habían cedido sus mejores fincas de recreo y viviendas urbanas para hospitales de sangre y colonias escolares. Al final de la guerra, sobre todo después de que los franquistas alcanzaron el Mediterráneo castellonense, fueron asumiendo también funciones directivas del menguante Estado republicano, desde la residencia del presidente del Gobierno hasta algunas instalaciones administrativas militares.
Una de esas funciones estatales esenciales asumidas por estas comarcas en el último año bélico fue la de acuñar moneda, con la instalación de la Factoría D, de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, en Aspe. Sobre ella, el edificio en que fue instalada, las causas de su establecimiento, sus operarios y producción y, de hecho, sobre el tiempo, el territorio y la sociedad aspense en aquel periodo ha escrito un buen libro, pequeño de apariencia e intenso en contenido, José Ramón García Gandía. El Ayuntamiento aspense ha tenido la inteligencia de editarlo.           
Sorprende gratamente comprobar la amplísima variedad de fuentes utilizadas, desde los archivos documentales –a todas las escalas posibles: nacional, provincial, local, de entidades y fundaciones- a los recursos en red, pasando por las hemerográficas también variadas o por una bibliografía bien seleccionada, de lo local a lo global, de la centrada en asuntos monetarios, apropiada al tema que nos ocupa, a la vinculada con el final del proyecto reformista que supuso la II República, dado el momento narrado. No es casual que, en este abanico de fuentes informativas, el autor destaque los testimonios orales de viejos trabajadores, no sólo de aquella factoría de la fnmt, sino también de las otras fábricas que ocuparon el mismo edificio. Sirven para resaltar la evolución del lugar historiado y la vida de las gentes que trabajaron en sus naves, al tiempo que da voz a un silencio de décadas. Con todo ello construye, como destaca en el último párrafo, “un nuevo lugar de la memoria, aunque ya no exista físicamente”.
El libro se estructura en seis capítulos. El primero, de carácter introductorio, enmarca la fábrica en el recuerdo aspense y enumera los recursos documentales y personales, que le han permitido profundizar en el tema. El último, -“A modo de epílogo” lo titula- reflexiona sobre el olvido cultural y muestra la fuerte represión final que produjo incluso la pérdida de referencias históricas sobre un lugar tan significativo de la historia local. En medio, en los cuatro capítulos centrales, va profundizando crecientemente en la cuestión central del estudio: el Aspe de la Guerra Civil, con su evolución social y política, con su vida cotidiana de la que ya formaron parte los billetes locales; la evolución de la fnmt durante la contienda; la instalación de la factoría en Aspe y el paulatino asentamiento de técnicos y trabajadores en dicho municipio; finalmente, se hace referencia a la producción efectuada en la ceca de Aspe, describiendo monedas, billetes y sellos y destacando el simbolismo de los mismos. Es especialmente destacable, en éste último punto, la referencia a la serie postal en homenaje al Ejército popular y sus milicias, tal vez el mejor tributo de admiración que podamos encontrar en la filatelia española a la grandeza de los perdedores, emisión aprobada, precisamente cuando las tropas republicanas, sin apoyo real alguno por parte de unas democracias europeas que miraban hacia otro lado y ni siquiera permitían el paso del armamento, estaban siendo machacadas junto al Ebro por las potencias fascistas (nazis, fascistas y nacionales).
El libro, que el autor no duda en calificar de “fundamentalmente descriptivo”, aunque se trata de mucho más que eso, complementa sus textos con una bien cuidada selección de ilustraciones: fotografías de lugares de Aspe y otros lugares de la provincia, anuncios publicitarios locales, billetes locales, documentos históricos, emblemas, relaciones… Cabría destacar, en mi opinión, el material recuperado sobre la fnmt, que incluye desde relaciones de trabajadores a sellos, monedas y billetes o fotografías de maquinaría.
Finalmente, en la página 28 encontramos un plano local en el que el autor reconstruye los lugares vinculados con la Guerra Civil en Aspe, desde refugios antiaéreos a sedes de organizaciones políticas, pasando por un centro de milicias ubicado en el Casino Primitivo. En ese mismo plano, a la salida hacía Novelda, la fnmt. El estudio realizado sobre aquella vieja factoría prueba, sin duda, tanto las posibilidades de investigación que permite el mestizaje disciplinar entre Historia y Geografía, como la necesidad de profundizar en otros muchos lugares y edificios que fueron transformados por la contienda, y en ella alcanzaron su máximo protagonismo. Los municipios del Vinalopó, uno de los territorios más activo de cuantos conformaron la retaguardia de la República, cuentan con un patrimonio riquísimo que debemos conservar, potenciar y difundir. García Gandía lo ha hecho aquí ejemplarmente, con la pasión propia de quién se siente parte de un lugar y con el cuidado del buen historiador.

sábado, 1 de diciembre de 2012

EL SUEÑO TRUNCADO. Movimiento obrero y socialismo en Aspe (1900 – 1936).


EL SUEÑO TRUNCADO.
Movimiento obrero y socialismo en Aspe (1900 – 1936).
Introducción
PRIMERA PARTE. Industrialización y movimiento obrero en Aspe.
1.      Estructura social y demográfica a comienzos del siglo xx.
2.      Los sectores económicos: el incipiente desarrollo industrial.
3.      Política y sociedad durante la primera mitad del siglo xx.
3.1.   La Junta Local de Reformas Sociales.
4.      Las organizaciones patronales.
4.1.   El sindicalismo católico.
4.2.   La Comunidad de Labradores.
4.3.   El Sindicato de Fabricantes de Alpargatas.
4.4.   Otras sociedades: la Comunidad de Propietarios de Agua y el Círculo La Tertulia.
5.      Gremios artesanales y agrupaciones societarias.
5.1.   La Sociedad de Canteros.
5.2.   Los alpargateros.
5.3.   Los trabajadores del campo.
5.4.   Ebanistas, albañiles y otros.
5.5.   Del Centro Obrero a la Casa del Pueblo.
6.      Los conflictos sociales.
6.1.   La huelga de 1913.
6.2.   La huelga general de 1917.
6.3.   Los conflictos locales 1919-1929.
6.4.   La huelga general de diciembre de 1930.
6.5.   Los conflictos durante la Segunda República.
SEGUNDA PARTE. El socialismo en Aspe.
7.      El desarrollo del socialismo en la provincia de Alicante.
8.      El surgimiento del socialismo en Aspe.
9.      Otras fuerzas políticas de izquierda.
9.1.   El movimiento republicano.
9.2.   Anarcosindicalistas y comunistas.
10.   La conjunción republicano-socialista.
11.  La Agrupación Socialista durante la Segunda República.
TERCERA PARTE. Conclusiones.
12.  Conclusiones.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA.
ANEXOS.
I.                    Actas de la AS de Aspe.
II.                 Índice onomástico.
III.               Plantillas unificadora de precios y trabajos – 21 de enero de 1918.


PRÓXIMAMENTE...

miércoles, 26 de septiembre de 2012

DEL 15M AL 26S Análisis de una protesta anunciada


“Nos llamaron golpistas. Dijeron que detrás estaban la extrema derecha, mintieron en los medios de comunicación una y otra vez, amenazaron por activa y por pasiva con que iríamos a la cárcel, trajeron 1.400 policías, identificaron y denunciaron por lo penal a personas que solo estaban reunidas en un parque público hablando de la convocatoria. Intentaron meternos el miedo en el cuerpo como nunca lo habían hecho… Y el resultado es que decenas de miles de personas salimos a la calle a desobedecer el estado de excepción impuesto por el gobierno. Ahora todos los medios de comunicación del planeta hablan de lo que ha sucedido en Madrid el 25S.
Y sabemos que no es más que el principio”.

El Gobierno del Partido Popular presidido por Mariano Rajoy Brey se enfrenta, en el momento más delicado de su legislatura, por lo menos hasta la fecha, a un cúmulo de crisis que, sin lugar a dudas, desembocarán en la petición de “Rescate” a la troika europea lo que llevará al País a abandonar el estado del bienestar, al menos, tal y como lo conocemos en la actualidad.

El primero de los problemas es la fuerte crisis de legitimidad que, con respecto a la ciudadanía, va aumentando día a día. Compañera de viaje de un tremendo desprestigio de la clase política y, en ocasiones, de las instituciones, la legitimidad se perdió al incumplir prácticamente todas sus promesas electorales. En tiempo record. La gente ya no cree en lo que dicen, a excepción de los acólitos que se lo tragan todo –de estos hay en todos los partidos políticos-.

El segundo de los problemas aparece sin ton ni son. Artur Mas y CIU, en un intento de colocar una espléndida cortina de humo que tape las vergüenzas de un Gobierno a la deriva, necesitado de una financiación que solo puede darle el Gobierno de España, juega, ahora, un órdago a la desesperada provocando una grave crisis del modelo territorial del Estado. Un terreno abonado para que emerjan radicales de derecha e izquierda. Independentistas anacrónicos, nostálgicos de una tontería fronteriza que alimentan creyéndose herederos de un patrimonio único y distinto; y neofascistas patrióticos que vislumbran la entelequia de la que se denominó como “Una, Grande y Libre”. Un juego peligroso, populista y demagógico que llevará a una profunda crisis del Estado o al mayor de los ridículos.

La sumisión, ya sin paliativos, a las decisiones de la troika comunitaria, nos aboca a una crisis de identidad. De que sirve mantener un Gobierno títere que trasmite los recortes sociales acordados a cientos de kilómetros de Madrid y solo habla para intentar ocultar, endulzar, engañar a la población con el único objetivo de minimizar, en todo lo posible, su rédito electoral.

Lo peor, sin duda, la incapacidad manifiesta de tomar medidas que nos lleven al camino de la recuperación económica. En lugar de esto, el país se va sumiendo, cada vez más, en un pozo sin fondo, destruyendo, no solo el empleo, si no también el tejido productivo, penalizando el consumo, facilitando el despido y criminalizando las protestas sociales. Eso sí, va imponiendo una contrarreforma ideológica a ritmo de apisonadora. Si se suben las tasas, las universitarias, por ejemplo, no se ingresa más, no, se ingresa menos porque a una subida del 8% le sigue una baja en la matrícula de créditos del 10%. Se ingresa menos y hay un sector de la sociedad que pierde el acceso a la educación superior: el recorte es ideológico.

No se vislumbra cambio en las posiciones del Gobierno, por lo tanto, sabemos, que esto no es más que el principio.

jueves, 6 de septiembre de 2012

José Gallego, Aspe y la Memoria Histórica I


Poco tiempo después de la victoria de los sublevados en la Guerra civil española, la Presidencia del Gobierno del General Franco envió una circular a los Gobernadores civiles de las provincias españolas para que instasen a sus ayuntamientos a construir, en un lugar señalado de la población, un monumento a los caídos “por Dios y por España”. El monumento iría presidido por la Estela de José Antonio Primo de Rivera, el símbolo de la cruz y entre 15 y 18 nombres de paisanos caídos a causa de la Guerra civil. Baste recordar que hubo municipios sancionados por no encontrar suficientes nombres para su colocación en el monumento. Así, en el  Acta nº 3, Sesión Ordinaria del 20 de septiembre de 1940 del Ayuntamiento de Aspe (ama, Actas de Pleno  1940-1941, fol 5v y ss.) encontramos la siguiente anotación: “Se acuerda el estudio de petición que formula el Gestor Sr. González Avellán en el sentido de la construcción de un monumento a los caídos en la localidad, por Dios y por España”.
El monumento fue encargado al recién repuesto aparejador municipal y Jefe local de Investigación e Información de las fet y de las jons, Higinio Perlasia Rigal, quien diseñó el boceto que aquí se muestra, y quien se encargó de encontrar los nombres que acompañarían a José Antonio en el monumento que, se decidió, se colocase en una de las fachadas de la iglesia, en concreto la que da a la calle Santa Teresa, donde todavía se encuentra.
El boceto inicial incluía 14 nombres, 13 que se encuentran en el monumento actual y uno más que no llegó a incorporarse, el de “D. Sánchez”, más una estela que contenía “PRESENTES”. Finalmente, se añadieron dos más para alcanzar la cifra de 15: tres asesinados en la población; cuatro caídos en el frente; cinco, nacidos en Aspe pero que vivían en otros lugares, uno del que únicamente sabemos que fue enterado en el Valle de los Caídos y dos de los que no tenemos ningún dato.
Es cierto que las competencias de los ayuntamientos en la década de los años 40 eran muchos mayores que en la actualidad, con respecto, sobre todo, a la modificación del patrimonio histórico, en este caso, la fachada de la iglesia. Pero, evidentemente, fue el Ayuntamiento de Aspe quien construyó el “monumento” y también, posiblemente, quien deba quitarlo y restituir la fachada a su aspecto original. Sencillamente, porque en el pueblo de Aspe fueron 108 los caídos por causa de la Guerra civil. 108 vecinos que, por diversas causas, murieron relacionados con el conflicto: quince de ellos, víctimas de la violencia en la retaguardia tuvieron su monumento; del resto nunca se habló: setenta y dos murieron en el frente, veinticuatro fueron fusilados y nueve murieron de enfermedad en la cárcel. Suficiente registro para evaluar la magnitud de la tragedia. Tragedia que se perpetuó durante los años de la dictadura y es, precisamente, labor de la democracia la condena pública de las dictaduras y de los símbolos que la representan.


miércoles, 6 de junio de 2012

Homenajeando a Ray Bradbury

Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal. Todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes cristalinas o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, las viñas se erguían tiesamente en los patios. En el distante y recogido pueblecito marciano nadie salía a la calle; mientras, se podía ver al señor K en su cuarto, leyendo un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa.

Hace ya algunos años, nunca sé si son demasiados (ni en el tiempo ni en el espacio), leí a Ray Bradbury. Quedé impresionado con sus Crónicas Marcianas. Título que, más tarde, llegué a aborrecer por culpa de Sardà e Izaguirre como acólitos de los personajes de feria que presentaban a diario. Lo único que se asemejaba al título de Bradbury era, tal vez, la idiotez de alguno de sus personajes. Desde luego, no la banalidad que rezumaba.

El libro me sedujo como un torrente de imaginación. Transgresión de las cosas que damos por supuestas. ¿Se puede hacer vino en las campiñas marcianas? ¿Hay vida en Marte? preguntaba David Bowie, unos años después, en su Honky Dory, preludio del Ziggy Stardust y las Arañas de Marte.

Bradbury homenajea, también, magistralmente, a Edgar Alan Poe: su Barril del Amontillado; y la Caída de la Casa Usher; a Henri Marie Beyle, seudónimo de Stendahl y su "Rojo y Negro"; y otros más que se van descubriendo durante su lectura.

Pero, creo que, más que hablar de este libro, sin duda, hay que leerlo... Aquí dejo un fragmento que me gustó especialmente:

-El Amontillado -dijo Stendah1 adelantándose y alzando una linterna deslumbrante.
Unos esqueletos se asomaban levantando las tapas de los ataúdes. Garrett, con un gesto de repugnancia, se llevó una mano a la nariz.
-¿El qué?
-¿No ha oído hablar usted del Amontillado?
-No.
~¿No reconoce usted eso? -Stendahl le señaló una celda.
- ¿Tendría que reconocerlo?
Stendahl sonrió y sacó de entre los pliegues de su capa una paleta de albañil.
-¿Y esto?
-¿Qué es?
-Venga.
Entraron en la celda y Stendahl encadenó a Garrett, que estaba casi borracho.
-Por Dios, ¿qué hace usted? -gritó Garrett sacudiendo las cadenas.
-Me siento irónico. No interrumpa a un hombre que se siente irónico. No sea descortés. Ya está.
-¡Me ha encadenado!
-Es cierto.
-Pero ¿qué pretende?
-Dejarlo en esta celda.
-Usted bromea.
-Una broma muy graciosa.
-¿Dónde está mi doble? ¿No vamos a ver cómo lo matan?
-No hay doble.
-Pero ¿y los otros?
-Los otros están muertos. Los que usted vio matar eran los verdaderos. Los dobles, los robots, miraban solamente.
Garrett calló.
-Ahora usted debe decir: «¡Por amor de Dios, Montresor!» -continuó Stendahl-. Y yo contestaré: «¡Sí, por amor de Dios!». ¿No quiere usted decirlo? Vamos. Dígalo.
-Imbécil.
- ¿Tengo que repetírselo? Dígalo. Diga: «¡Por amor de Dios. Montresor!».
Garrett se sentía más despejado.
-No lo diré, idiota. Sáqueme de aquí.
-Póngase eso -dijo Stendahl, tirándole algo que campanilleaba y tintineaba.
-¿Qué es?
-Un gorro de cascabeles. Póngaselo y quizá lo deje salir.
-¡Stendahl!
-Le he dicho que se lo ponga.
Garrett obedeció. Los cascabeles repicaron.
-¿No siente usted como si esto hubiera sucedido antes? -Preguntó Stendahl, y comenzó a trabajar con la paleta, un mortero y unos ladrillos.
-¿Qué hace?
-Estoy amurallándolo. Ya hay una hilera. Ahora va otra.
-¡Usted está loco!
-No lo discuto.
Stendah1 mojó un ladrillo en el mortero, cantando entre dientes. Ahora había golpes y gritos y llantos en la celda cada vez más oscura. La pared crecía lentamente.
-Un poco más de ruido, por favor -dijo Stendahl-. Representemos bien la escena.
-¡Déjerne salir! ¡Déjeme salir!
Sólo faltaba un ladrillo. Los gritos eran ahora continuos.
-¿Garrett? -llamó Stendahl en voz baja. Garrett calló-. ¿Sabe usted por qué le hago esto? Porque quemó los libros del señor Poe sin haberlo leído. Le bastó la opinión de los demás. Si hubiera leído los libros, habría adivinado lo que yo le iba a hacer, cuando bajamos hace un momento. La ignorancia es fatal, señor Garrett.
Garrett no replicó.
-Quiero que esto sea perfecto -dijo Stendah1 levantando la linterna para que la luz cayera sobre la encogida figura de Garrett-. Agite suavemente los cascabeles. -
Los cascabeles tintinearon-. Ahora diga usted: «¡Por amor de Dios, Montresor!»; es posible que lo deje salir.
La luz de la linterna alumbró la cara de Garrett. Garrett titubeó y luego dijo grotescamente:
-Por amor de Dios, Montresor.
-Ah -exclamó Stendahl con los ojos cerrados. Colocó el último ladrillo y lo aseguró con una capa de cemento-. Requiescat in pace, querido amigo.
Salió de prisa de la catacumba.


6 de junio de 2012